La naturalidad, esa que nos hacer ser tal cual somos, esa que nos hace sentir libres, sin prejuicios, sin ataduras, sin… pensar en lo que dirán o pensarán. En la que nos da igual si somos niños pequeños o adultos, no importa cómo nos comportamos, da igual tener diez años que veinte porque al fin y al cabo somos personas y debemos, tenemos que ser naturales, que para ser lo que no somos ya están los demás, los ignorantes.
Y… a que viene todo esto, pues que junto a todos vosotros, a la familia, a lo que hemos creado poco a poco, grano a grano, minuto a minuto cada vez se está haciendo más y más grande, nos involucramos en la vida del otro, lloramos junto a él o nos reímos cuando hace falta, nos aconsejamos, nos ayudamos, nos apoyamos… porque si no fuésemos con la naturalidad por delante nada de esto sería posible, tan solo seríamos unas personas más del mundo, unos puntitos insignificantes para muchos pero… muy importantes para otros, porque de eso se trata, no tenemos porque gustarles a todo el mundo, con poco nos conformamos.
La verdad prefiero tener a veinte amigos con los que sé que puedo contar a todas horas que, tener a cientos y verte solo en medio de todos.
¿Sabéis esa sensación de con una mirada o en este caso con decir una palabra sabemos lo que la otra persona nos quiere decir? Porque a mí me pasa, no hace falta que digamos mucho más, a veces no hace falta dialogar, tan solo una palabra, una mirada lo dice todo. Si hasta hemos llegado a tener telepatía. ¿Queréis salir de mi cabeza? Toc toc, ¿hay alguien ahí? –sonríe-
La espontaneidad, bendita la hora que fue creada, inventada, aprendida… como queráis llamarla, junto a vosotros eso es lo que surge de mi, pocas cosas son las que pienso y en las que después recapacito y me digo: eso es lo que has dicho, se te va.
Esos son los buenos momentos de la vida, las alegrías. Lo mejor del mundo, haberos conocido, lo peor, que cada uno esté en una parte de España. Pero en mi corazón es como si os tuviera aquí a cada uno, a mi lado. Y la verdad, cada noche intento soñar con vosotros, con el momento previo al encuentro, nuestras caras, el nerviosismo, el… momento de… no saber si saltar, si gritar, si abrazarnos todos, el no saber qué hacer… pero de lo que realmente estoy segura es que hagamos lo que hagamos saldrá de nuestros corazones, lo sentiremos de verdad.
¡Ah! recuerdo las primeras palabras que salieron de mi boca y escuchasteis, muerta de vergüenza estaba, aunque intenté no transmitírosla, esas palabras, cuatro justamente ¿las recordáis?
PD: Escuchando, el silencio de la noche, el ruido de las teclas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario