Por suerte o por desgracia, a todos nos toca estar solos alguna vez. O quizás ocurra que precisamos de un tiempo desconectados del mundo, de las personas, de todo, para ser egoístas: centrarnos en nosotros y encontrar nuestro camino, ese del que nos desviamos hace tiempo y que ahora apenas conseguimos vislumbrar a lo lejos.
¿No sería gracioso que fuese justo en esos momentos cuando nos encontrásemos con personas verdaderamente excepcionales?
De esas dispuestas a darte todo a cambio de nada. Que te entienden. Con las que compartir gustos, aficiones y bobadas; pero también preocupaciones, sueños, consejos y confidencias.
Pequeñas cápsulas de felicidad disfrazadas de personas, dispuestas a sacarte una sonrisa las 24 horas del día. De esas que te hacen sentir adulta un instante y al segundo te transforman en una niña de nuevo.
Si eso ocurriese, ¿realmente dejaríais escapar la oportunidad de conocerlas?
Llamadme loca si queréis pero yo elegí acercarme a ellas, entrar en esta pequeña familia y compartir mis galletas :) :)
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